El faro

faro

… a pesar de encontrarse a mediados de Marzo, la noche estaba tranquila, el cielo estrellado cobijaba a todas aquellas personas que habían decidido pasear por la playa después de unos intensos días de lluvia.  Paula era una de esas personas. Lejos de su entorno familiar pero cerca de una persona que se había convertido en algo demasiado especial los últimos meses. La persona que ahora la cogía de la mano, sujetando tímidamente sus dedos,como si no quisiera hacerle daño, rodeándola con sus brazos y protegiéndola de sus miedos. El camino hacia el faro era oscuro, y su única compañía era el sonido de sus pasos contra el suelo y el vaivén del mar que golpeaba las rocas inmóviles ante el paso del tiempo, un poco erosionadas tal vez, pero con el claro propósito de seguir protegiendo el muelle, igual que él hacía con ella. Varios pescadores esperaban bajo el amparo de la noche que los peces menos precavidos acabasen con un anzuelo clavado en su boca, pero para Paula hasta esa escena resultaba emotiva de la mano de Pablo. Sabía que al final de faro, él jugaría con su pelo, con su cara, que la miraría fijamente sin que ella sintiese miedo al permitir que una persona entrase en los rincones de su alma que tanto había protegido tiempo atrás … mientras ella , contemplando a lo lejos las diminutas luces de un pueblo cercano, grababa en su retina dichas imagenes para no olvidarlas nunca… “

Varios meses después, las lágrimas de emoción dieron paso a las lágrimas de decepción, posteriormente a las de desengaño que se mezclaban en ocasiones con las de  melancolía. Esta noche, Paula acostada en su cama no puede evitar que una vez más, los recuerdos la visiten sin previo aviso. Llora y no sabe por qué. Tal vez echa de menos que su sueño se repita, esta vez en la vida real, o tal vez,  no entienda por qué, en ocasiones, las cosas cambian tanto en tan poco tiempo. Esta noche también es silenciosa, pero ni el mar está cerca, ni puede sentir su olor. A cambio la soledad de una habitación  y el tacto frío de una sábana. Sin querer pensar más, da media vuelta y se abraza a la almohada. Prefiere mirar adelante, quizá tal vez, las cosas puedan cambiar de nuevo, esta vez para bien.

Paula vuelve a dormir, y sus lágrimas se detienen al llegar a la tímida sonrisa con la que se ha quedado dormida.

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febrero 24, 2009. Libros, Personal.

3 comentarios

  1. Sergiecín el pequeñín replied:

    Me gusta más cuando escribes sobre tus vivencias…

    • 10mas10son100 replied:

      ¿Por que supones que no hay algo de mi vida ahi?

  2. Barbitas sin barbas replied:

    Bueno, pues porque cuando hablas de ti, lo haces en primera persona del singular, y no en tercera. Será por eso que me gusta más…

    Un besito, preciosa

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